Gonza Ortale y una vida atravesada por la música

Criado en un entorno donde lo sonoro ocupó un lugar central, el músico construyó desde la infancia un vínculo profundo con la música que terminó definiendo su camino artístico.
MÚSICA 19 de enero de 2026
Radio Bas

Por Florencia Belén Mogno. 

 

La relación entre la música y la vida personal suele comenzar a construirse desde edades tempranas, incluso antes de que exista una conciencia clara sobre su influencia. En muchos casos, ese vínculo se establece como una experiencia cotidiana, ligada al hogar, a la infancia y a los primeros estímulos emocionales que acompañan el crecimiento. La música aparece entonces como un lenguaje presente, constante y formativo.

 

En ese sentido, lo sonoro no solo acompaña los primeros años, sino que también moldea sensibilidades y deja huellas que reaparecen con el paso del tiempo. El contacto inicial con distintos sonidos, estilos y formas de escuchar, atravesado por el entorno familiar y cultural, suele resultar determinante en la formación artística posterior. Allí, la música comienza a ocupar un lugar más activo en la construcción de la identidad.

 

A partir de esa convivencia temprana, la música deja de ser únicamente un fondo sonoro para transformarse en una herramienta de expresión, observación y búsqueda personal. La curiosidad se expande, el interés se profundiza y el arte empieza a pensarse como un espacio posible para canalizar emociones, ideas y experiencias propias.

 

En ese recorrido se inscribió la historia de Gonza Ortale, integrante del proyecto Mix Imperativo, quien habló con Grupo Mediatres sobre cómo la música atravesó su vida desde la infancia, se consolidó como un lenguaje fundamental y terminó por definir su camino artístico y personal.

 

Una vida musical 

 

Venís de una familia profundamente atravesada por lo musical: un padre DJ y una madre corista en una banda de los años ochenta. ¿De qué manera esa convivencia cotidiana con lo sonoro moldeó tu sensibilidad artística y tu forma de entender la música hoy?

 

G.O: Mi primer contacto fueron mis viejos, ellos tuvieron una relación muy estrecha con lo sonoro, y eso de alguna forma repercutió en mi crianza. Mi viejo era DJ y mi vieja hacia coros en una banda de los ochenta, “Tía Polly”. Creo que la variedad de gustos de ellos me formó como músico y como observador del arte.

 

Recordás que tus primeros pasos estuvieron ligados a bandas de amigos y a los escenarios del secundario. ¿Qué significaron esas experiencias iniciales en la construcción de tu identidad como músico y comunicador?

 

G.O: Creo que fue de a poco. Seguramente comenzó con los proyectos de bandas de amigos en el secundario. Existieron eventos en los que pude participar que me dieron los primeros acercamientos a los escenarios y la sensación fue excelente. Noto que me comunico mejor con la gente a través de las canciones, siento que esa es la excusa que me hace disfrutar el sentirme escuchado. Además de eso, los recitales cambiaron mi vida, hicieron que vea hasta dónde puede llegar el potencial de un proyecto. Darme cuenta que hay allí un mundo por explorar, eso capturo mi atención por completo, sobre todo con el objetivo del disfrute.

 

En varias oportunidades hablaste de la diferencia entre estar arriba y abajo del escenario. ¿Qué aprendiste del rol del espectador y cómo influye eso en la manera en que hoy pensás tus canciones y el mensaje de Mix Imperativo?

 

G.O: Me quedó mucho de experiencia el hecho de entender como es el espectador y como es ser estar del lado del escenario, me hizo ver la cantidad de emociones y sensaciones que se pueden transmitir o recibir. Es algo único, eso es lo que intento siempre pasmar en mis canciones y en la forma de transmitir el mensaje que tiene que tener la banda.

 

Antes hablamos sobre tu vínculo con el arte, definís a la música como algo que te “salvó” y como un lenguaje que, aun sin comprenderse del todo, explica mucho. ¿En qué momentos sentís que la música funcionó como refugio o como motor de transformación personal?

 

G.O: Definitivamente la música me salvó. Marcó un cambio muy grande en mi vida cuando entendí que es un lenguaje distinto, del que todavía nos falta aprender muchísimo. Aunque no se lo comprenda del todo, explica mucho, te atrapa y es algo único.

 

Has destacado canciones de Soda Stereo, Serú Girán y Luis Alberto Spinetta como hitos emocionales de tu vida. ¿Qué tienen esas obras que dialogan con tu historia y con tu forma de sentir la música?

 

G.O: Elegiría “Prófugos” de Soda Stereo, “Viernes 3 AM” de Charly, de Serú Girán mejor dicho, y “Todas las hojas son del viento” de Luis Alberto Spinetta. Son canciones que me acompañaron en distintos momentos y que forman parte de mi historia personal.

 

Por último, mirando el presente y el futuro, hablás de un sueño construido desde abajo, con amigos y en comunidad. ¿Hacia dónde sentís que viaja hoy ese sueño y qué lugar ocupa el disfrute en ese camino colectivo?

 

G.O: El sueño personal, y creo que también el de la banda, está en el resultado del trabajo en equipo. Convivir con mi banda, que además son mis amigos y mi familia, es una experiencia increíble. Imaginar eso mismo a gran escala, compartiendo escena con otros artistas, nos motiva mucho. Tenemos hambre de cumplir objetivos y lograr cosas; esas ganas son el motor para seguir construyendo este sueño desde abajo y con amigos.

 

Fuente fotografías: redes sociales Gonza Ortale.

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