Ciberestafas financieras: el entramado digital que sostiene el crecimiento del fraude en Argentina

Las estafas online se multiplicaron a partir del uso masivo de servicios digitales y de técnicas de manipulación que aprovecharon la confianza de los usuarios.
NEWS21 de enero de 2026
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Por Florencia Belén Mogno. 

 

La digitalización acelerada de la vida cotidiana modificó de forma profunda la manera en que las personas administraron su dinero, se comunicaron y realizaron trámites esenciales. Operaciones que antes requerían presencia física pasaron a resolverse en pocos minutos desde un celular o una computadora, consolidando un ecosistema financiero cada vez más dependiente de plataformas virtuales.

 

Ese proceso, sin embargo, también abrió nuevas zonas de vulnerabilidad. La combinación entre conectividad permanente, urgencia informativa y desconocimiento técnico creó un terreno propicio para prácticas delictivas que se apoyaron menos en el hackeo tradicional y más en la persuasión psicológica. El engaño se volvió una herramienta central dentro del delito financiero digital.

 

A diferencia de otras formas de criminalidad, las ciberestafas no se estructuraron en torno a un único método. Por el contrario, adoptaron múltiples formatos y canales, desde mensajes aparentemente inofensivos hasta comunicaciones que simularon provenir de entidades oficiales. En todos los casos, el objetivo fue inducir a la víctima a entregar información sensible o autorizar operaciones sin advertir el fraude.

 

En este contexto, la Defensoría del Pueblo bonaerense difundió un informe que describió las principales modalidades de ciberestafas financieras detectadas en el país. El documento expuso los mecanismos utilizados por los delincuentes, los factores que facilitaron su expansión y las razones por las cuales este tipo de delitos logró crecer de manera sostenida en los últimos años.

 

Phishing: la puerta de entrada a la mayoría de las estafas

 

El phishing se definió como una técnica de suplantación de identidad que utilizó correos electrónicos falsos para engañar a los usuarios y obtener datos personales, bancarios o de acceso a cuentas digitales. 

 

El atacante imitó el estilo visual de bancos, servicios públicos, plataformas de pago o comercios electrónicos. En los mensajes, incluyó enlaces hacia páginas falsas donde la víctima ingresó contraseñas, nombres de usuario, números de tarjeta o códigos PIN.

 

Según expudo el reporte, los datos robados permitieron realizar compras, transferencias o extracciones sin autorización. Para detectarlo, se recomendó observar remitentes sospechosos, direcciones web casi idénticas a las oficiales, errores ortográficos, enlaces dudosos, ausencia del candado de seguridad y solicitudes de información que ninguna entidad legítima pidió por correo.

 

Las medidas preventivas incluyeron verificar remitentes, revisar URLs sin hacer clic, evitar contraseñas débiles repetidas, habilitar la verificación en dos pasos y desconfiar de formularios enviados por desconocidos.

 

Estafas telefónicas basadas en manipulación directa

 

El vishing combinó la información obtenida previamente por phishing con una llamada telefónica fraudulenta. El estafador se presentó como personal bancario y presionó emocionalmente a la víctima mediante advertencias sobre supuestos accesos no autorizados, problemas en la cuenta o movimientos sospechosos. Así obtuvo claves de SMS, tokens o códigos necesarios para validar operaciones.

 

También existió la modalidad de la doble llamada, donde una máquina contactó a la víctima con un mensaje alarmante e indicó un número falso para pedir asistencia. Cuando la persona llamó, entregó credenciales creyendo que resolvía un problema.

 

La prevención se basó en no brindar datos sensibles por teléfono, desconfiar de llamadas “inesperadas”, cortar la comunicación ante dudas y contactar directamente al banco mediante canales oficiales.

 

Mensajes de texto que imitaron a bancos, comercios y organismos

 

El smishing trasladó la lógica del phishing al terreno de los SMS o mensajerías instantáneas. Los delincuentes enviaron mensajes con enlaces maliciosos, solicitudes de reinicio de claves, presuntos avisos gubernamentales, falsas promociones, problemas con envíos de paquetes o notificaciones de bloqueo de cuentas.

 

Al hacer clic, los usuarios accedieron a páginas falsas, descargaron malware o compartieron datos personales. En algunos casos, los estafadores mantuvieron conversaciones prolongadas para ganar confianza y pedir dinero mediante supuestas inversiones, préstamos o emergencias.

 

Las recomendaciones incluyeron verificar remitentes, no acceder a enlaces desconocidos, comprobar URLs, ignorar mensajes urgentes, llamar a las empresas para confirmar información y mantener dispositivos protegidos con antivirus confiables.

 

Estafas mediante códigos QR adulterados

 

El QRshing consiste en manipular códigos QR utilizados en restaurantes, negocios, cartelería pública o pagos. Los atacantes reemplazaron códigos legítimos por otros que redirigieron a sitios falsos para robar datos o instalar malware. También difundieron códigos engañosos por correo o redes sociales para inducir a la víctima a escanearlos.

 

Incluso existe la modalidad del “código inverso”, donde el estafador mostró un supuesto QR de cobro, pero al escanearlo la víctima autorizó involuntariamente una transferencia a favor del delincuente.

 

Para evitarlo, se recomendó revisar si el código estaba adulterado, observar la vista previa de la URL, instalar antivirus, verificar certificados de seguridad y desconfiar si se solicitaban datos personales.

 

Redirigir al usuario sin que lo note y control del celular 

 

Por otra parte, el pharming se basa en alterar la dirección hacia la cual se dirigió el navegador de la víctima sin modificar el aspecto de la página. Mediante malware que modifica los archivos del sistema, los delincuentes conducen automáticamente a sitios falsos que imitan a bancos o servicios oficiales. La víctima ingresa a una URL correcta, pero llega a una copia diseñada para robar credenciales.

 

Las consecuencias incluyen robo de identidad, acceso a correos electrónicos, transacciones no autorizadas y pérdidas económicas significativas. La prevención se apoya en verificar certificados, comprobar URLs, revisar señales de apariencia extraña, evitar descargas inseguras y mantener un software de seguridad robusto.

 

El SIM swapping permite a los delincuentes duplicar fraudulentamente la tarjeta SIM del usuario. Una vez concretado el traspaso en la empresa de telefonía —mediante engaños y técnicas de ingeniería social—, el atacante recibe los SMS y códigos de verificación del número real de la víctima. Con ello, accede a cuentas bancarias, redes sociales o correos electrónicos y confirma operaciones de fraude.

 

Las medidas de seguridad incluyen activar verificaciones adicionales, mantener reservas de claves fuera del teléfono, contactar al proveedor ante cualquier interrupción sospechosa del servicio y reportar la línea comprometida de inmediato.

 

Fuente fotografías: Defensoría del Pueblo bonaerense. 

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